martes, 22 de enero de 2013

· Aprender a cambiar



Porque nada podrá ser lo que fue…, claro está a través de los copos de nieve… que no vi. Y es “perversamente” natural; y es naturalmente necesario. Creemos atrapar un instante para siempre. Y ¿Qué es siempre? ¿El soplo de aliento durante el cual deambulamos por estos pagos terrenales, complicándonos en muchos casos la existencia? No sé. Creo que todo es más sencillo y a la vez más profundo de lo que vislumbramos a través de esa ventanilla de tren en la noche. Una oscuridad en la que apenas intuimos la aureola del brillo de nuestra nariz. Nariz y boca que proyectan vaho sobre el cristal, desdibujando la negrura.  Un tren en el que viajamos hacia la eternidad y que apenas nos permite cambiarnos de vagón, pues cada edad tiene sus afanes y miedos.
Nos dejamos atrapar por un momento  banal, de polémica noticia y olvidamos el instante mágico y entrañable que parece, con latente insistencia, resistirse a morir.

"La edad de la inocencia está enterrada en su corazón
Se muerde la lengua y se reprime
A continuación, se gira y me dice: "Hey ... nos vamos?"
Me ahogo en un mar de voluntad de cambiar mi vida por ti
Sé que no son nuestros amigos
Pero tal vez podríamos aprender a cambiar

Tal vez te estás aferrando demasiado fuerte, querido
El sol en tus ojos te ciega

La noche de la muerte nos ocurrió que una densa niebla cayó
La misma historia de siempre dijo
Pero una y otra vez volvere a contarla"
(Me & you & him) Palaxy Tracks

·En Memoria de Dolores Moreno G.

sábado, 5 de enero de 2013

· Música para serenar el espíritu

La Siesta (Joaquín Sorolla) - San Sebastián verano de 1911 
Sabéis que desde que creamos el blog por estas fechas de Reyes, venimos haciendo un pequeño presente/regalo en forma de selección musical especialmente realizada para tal efecto.

Este año me ha dado pie para hacerla el haber tenido que elaborar unas series con músicas destinadas a "la relajación". Así que los que sean de naturaleza mas bien tranquila y marmotera, que esperen para activarse a la entrada dedicada a los Ramones.
 Se trataba de provocar, o mejor dicho de propiciar, un estado de tranquilidad a fin de paliar el estrés de la jornada diaria por medio de la música "clásica",  y que al final del día sirviera, como digo yo, para "apagar lucecitas", a fin de llegar al sueño de manera natural. Para éste cometido me propuse buscar música clásica de distinta épocas con la premisa de que se aviniera a este objetivo tan concreto: el de procurar sosiego, pero que a la vez toca tantos resortes de la sensibilidad, cuando el ánimo se desenvuelve entre los claro-oscuros, que es mucho más que un mero "calmante". El ser humano es tan "complejo" que, lo que a unos maravilla y serena, a otros irrita y solivianta y a otros sólo deja indiferentes. La otra condición era con qué criterio elegirlas y evidentemente dejé que decidieran mis gustos y apetencias.
Es una suerte de pseudo-terapia musical de cosecha propia, destinada a aliviar tensiones, pero también con la intención de hacerlo con la mejor música posible a cargo de escogidos intérpretes y versiones, según mi modesto criterio. Algunas de las piezas han sido tema o parte en las entradas de éste blog.

Existen en el mercado infinidad de “música de relajación”, en donde se ofrecen desde sonidos del mar, del bosque, de la lluvia, de la selva después de la lluvia, Chill-out de distinto pelaje, músicas de la nueva era para adormecerse o pastar  en la “era… de trillar”, pastiches celtas, orientales, tibetanos, del Báltico etc... eso sí todo con mucho MIDI. 
Hay también selecciones de distinta calidad de música clásica al uso, con las consabidas piezas más machacadas del repertorio. (Si me veis alguna vez comprar alguna, me podéis rematar en el sitio directamente).
También están las selecciones clásicas para “Recién Nacidos” o similares, cuyo mercado está compuesto por padres bien intencionados, con una ligera conciencia de crear en el cerebro de sus bebés un caldo propicio para un gusto futuro, pero que a las primeras de cambio, en una fase siguiente del crecimiento con frecuencia lo descuidan, dejando al alcance de los críos juguetes que machacan hasta la nausea melodías ramplonas o desvirtuadas. En todo caso, esto último sólo serviría para crear individuos adictos a radio-fórmulas, o provocar que aborrezcan la música de por vida.

Bueno, sin querer ponerme demasiado ácido y brindando por una buena salud mental para todos, os dejo con esta sentida y apacible selección que según me dice Airun es mano de santo.

martes, 1 de enero de 2013

· A la Expectativa


Espuma de cava y tapón de corcho sobre el mantel después del brindis; notas de júbilo ante las puertas abiertas del 2013;  remolinos de besos entre la familia soñando los mejores deseos;  teléfono que suena para sorpresa de todos, sin saber cuál será la primera llamada del año; petardos, perros ladrando, más petardos; los niños duermen, y si no fuera así, la alegría y el bullicio serían los mismos como si flotaran en la luna; hace  frío fuera, pero un lucero atraviesa en la oscuridad de la vieja noche, augurando un nuevo año brillante para todos.

lunes, 24 de diciembre de 2012

· Natividad

El recién nacido, 1645-1648 - George de la Tour
Más allá del aturdimiento provocado por la estimulación insistente a consumir, con el imperativo añadido de la crisis y la situación económica; el compromiso de festejar y departir como una obligación social para con tu entorno; el vértigo temporal que produce la anticipación tempranísima de las señales del marketing ramplón y hortera; las sobrecargas en el trabajo por tener que hacer las tareas de tus compañeros despedidos y suplir con más estrés su ausencia; el impostado y falso congraciamiento de tus jefes para estar a "tono"... todo se desliza de manera vertiginosa hasta llegar a éste día y éste momento y me planteo, como tantas otras Nochebuenas, qué misterio envuelve realmente a ésta Noche.

Hay algo más allá de toda esa ostentosa iluminación (en Málaga y Bormujos, al menos, han tirado la casa por la ventana),  las vacuas, impersonales y horrendas felicitaciones digitales con que nos empezarán a acribillar de un momento a otro, la empalagosa cursileria con que se quiere desvirtuar el más sencillo y trascendente significado, los manteles llenos de exquisiteces que no acaban de degustarse porque no da tiempo a saborearlas con tranquilidad, ¡Tan atacados llegamos a la mesa!.
 Para ahondar en éste prodigio sólo se puede hacer desde la humildad. Basta sólo con una oración de esperanza, con el canto puro de un niño, con el calor de una vela que el viento zarandea en una noche estrellada y de fría pureza.

Os deseamos una serena, contemplativa y esperanzada noche.


· Giovanni Battista Pergolesi: Stabat Mater; Salve Regina
· Alessandro Scarlatti: Salve Regina
  Conductor  Charles Dutoit
   Ejecutante  June Anderson [Soprano Vocal] 
Cecilia Bartoli
   Género  Barroco
   Conjunto  Sinfonietta de Montreal
   Período  Barroco
   Lugar  St. Eustache, Montreal, Canadá
   Fecha de grabación  10/1991

sábado, 15 de diciembre de 2012

· La Meta

Con el despertar de los sentidos puede que alcance la meta. Intuyo emociones desconocidas y difíciles de explicar, pareciendo que mi tristeza quisiera alcanzarme y no me dejase llegar al término de mi destino. Puede que aparezca un rayo de sol en las alturas del momento, acompañándome en mi marcha hacia el logro de conseguir lo que me ilusiona.
En este instante hay contrariedades en mi recorrido, pero precisamente eso me ha hecho ir más allá para poder disfrutar del camino sin prisa pero sin pausa, hasta que pronto coja fuerzas, y en la recta final no exista desánimo alguno, aunque para ello renuncie a los primeros puestos. 

jueves, 29 de noviembre de 2012

· Lo Que No Sé





Mi pupila brilla extrañamente. No entiendo el porqué, aunque sospecho que son las ansias de conocer lo que no pueden ver los ojos del alma. No desisto, no dejo de lucir mi mirada, y no hacen falta destellos de lágrimas, pues aseguro que si pienso en la razón de mi tristeza todavía queda la esperanza, y con ella mantengo mi espíritu sereno, sin mediar ningún sufrimiento. Solo el tiempo me ayudará a entender lo que no sé, aquellas respuestas colocadas en algún sitio del Universo que todavía no he encontrado. Tendré en cuenta que esta noche dormiré con estos pensamientos y que mañana será otro día distinto a los demás, agradable o pesaroso, pero siempre distinto.

jueves, 1 de noviembre de 2012

· Oro en polvo


Si tuviese agujeros en los bolsillos y estos se vaciaran de lo más preciado que se pudiera imaginar ¿Qué representan esos agujeros en mi vida y de qué estarían llenos los bolsillos?
Si fuese oro en polvo tendría un valor calculable, pero sé que mis pertenencias no son más que mis valores como persona, y esto es incalculable. Si realmente tengo agujeros, y éstos dejasen escapar mis valores en el camino ¿Qué o quien me los ha hecho y qué naturaleza tienen? ¿Seré yo misma la que los halla rasgado, o mis circunstancias?; ¿Y su naturaleza?... ¿Puede que sea algo tan simple como si fuera un remache mal cosido? Mis valores son lo más importante que tengo, y si paso desapercibida como ese fino polvo de oro, nadie se dará cuenta de mi existencia, porque se confunde con la arena del camino. Tengo que tratar de zurcir esos desagradables agujeros que se han ido formando al meter las manos en los bolsillos, sea por nerviosismo, sea por timidez, para estar presentable ante situaciones diversas y no hacer tan evidente la falta de confianza en mi misma aunque, insisto, no está tan claro esto último, ya que paso por la vida de incógnito. Entiendo que cada uno tenemos una percepción distinta de nosotros mismos pero, acertadamente o no, una persona como yo no está conforme con lo que quiere demostrar que es. Uno no va a ser a gusto de todos, pero dejar escapar oportunidades en las que se puedan dar muchas cosas de sí mismo a determinadas personas y en determinadas circunstancias no me lo puedo permitir, aunque lo hago y eso me molesta. Aún así creo que no es tan crudo como lo pinto, porque mi interés hacia otras personas es correspondido superficialmente, hasta ahora. Lo único que quiero saber con éste galimatías es cómo puedo zurcir los gastados bolsillos que tanto polvo de oro han ido desparramado sin darse nadie cuenta.

viernes, 12 de octubre de 2012

· "El viento en los sauces" de Kenneth Grahame: verdadera literatura de la niñez como pureza del alma II


Kenneth Grahame
    Aunque el genero narrativo para niños (y no tan niños) tiene en lengua inglesa nombres notables (Oscar Wilde, Lewis Carroll, Robert L. Stevenson, Rudyard Kipling...), Kenneth Grahame es sin duda uno de los grandes de la literatura infantil. Y ello no es debido a que tenga una extensa obra en su haber, sino porque gracias al libro que hoy nos ocupa se merece, por derecho propio, estar en ese círculo de honor.
  Como decía el checo Rilke: “la infancia es la verdadera patria del hombre” porque de allí venimos. Generalmente, en el proceso de crecer nos vamos endureciendo; olvidando  y perdiendo las virtudes del alma infantil. Por eso, si conseguimos conservar algo de ella, será pureza para nuestro espíritu. Deberíamos mantener La capacidad de mirar el mundo que nos rodea en sus detalles más pequeños, llenos de ilusión y curiosidad. Cuando nos encontramos con la naturaleza, se despiertan sentidos que experimentábamos de forma intensa durante la infancia. La ausencia del mundo reglado/civilizado, nos libera mentalmente. Grahame lo sabía y la conservaba y cultivaba casi con celo, pues esta maravillosa narración surgió como la puesta en pié de las historias que le contaba a su hijo. 
Éste pasaje que traemos a continuación de "El viento en los sauces" es en mi opinión una de las paginas más gloriosas en prosa poética de la literatura infantil, y por ende  Universal. El motivo es en apariencia simple: la sencillez de la naturaleza más próxima, la humildad de unas bestezuelas con una bondad más perfecta que la que anhela el ser humano. La magia, sabiduría y humanidad encarnada en estos dos personajes inmortales consiguen elevar a la gloria a su autor, y hace que todas las generaciones de pequeños y grandes que lo continúan leyendo y descubriendo, se maravillen y emocionen con ella siempre.

El Topo, que apenas movía la barca mientras exploraba las orillas, la miró con sorpresa.
̶        - Se ha ido -suspiró la Rata, hundiéndose de nuevo en su asiento-. ¡Tan hermoso, y extraño, y nuevo! Para que acabara tan pronto, casi hubiera preferido no oírlo. Porque ha despertado en mí un anhelo casi doloroso, y nada vale la pena, excepto oír de nuevo aquel sonido, y seguir oyéndolo para siempre. ¡No!
       - ¡Ahí está otra vez! -gritó irguiéndose de nuevo.
Cautivada, se quedó en silencio un buen rato, como bajo un hechizo.
̶           -  Ahora se aleja, casi no lo oigo -dijo al fin-. ¡Oh “Topo! ¡Qué belleza! ¡La delicada, clara y alegre llamada de una flauta distante!  Nunca había soñado con una música semejante y, sin embargo, su atracción es mayor que su dulzura. ¡Sigue remando, Topo! ¡La música y la llamada son para nosotros!  El Topo, muy intrigado, obedeció.
̶       - Yo no oigo nada -dijo-, sólo el viento que juega con los juncos, los carrizos y las mimbreras.

La Rata no contestó; ni siquiera lo oyó.  Arrebatada, embelesada, estaba hechizada por aquel sonido divino que había prendido en su alma indefensa y la mecía y la arrullaba, criatura desamparada y feliz en aquel fuerte y prolongado abrazo.
El Topo siguió remando en silencio, y pronto llegaron a un punto donde el río se abría a un remanso. Con un leve movimiento de cabeza, la Rata, que hacía rato había soltado el timón, indicó al Topo que se metiera por el remanso. La marea de luz crecía, y pronto pudieron ver el color de las flores que adornaban como piedras preciosas el borde del agua.
̶           - ¡Nos vamos acercando! -gritó alegre la Rata-. Seguro que ahora puedes oírlo. ¡Ah..., por fin..., veo que tú también lo oyes!  El Topo, inmóvil y sin aliento, dejó de remar mientras el sonido acuático de aquella flauta lo cubría como una ola y lo hechizaba.  Vio las lágrimas correr por las mejillas de su compañera, inclinó la cabeza y comprendió.
Permanecieron así durante un rato, acaricia-
dos por las primaveras violetas que bordeaban la orilla. Luego la clara y autoritaria llamada que acompañaba la melodía embriagadora impuso su voluntad sobre el Topo, y éste se inclinó de nuevo mecánicamente sobre los remos. Y la luz se hizo más fuerte, pero los pájaros no cantaban, como suelen hacerlo al alba; todo se había paralizado menos aquella música divina.
A ambos lados, los fértiles prados parecían más frescos y verdes que de costumbre.  Nunca habían visto tan vivo el color de las rosas, ni las adelfas tan alborotadas, ni la reina de los prados tan olorosa y penetrante.  Entonces el susurro de la presa cercana llenó el aire, y los dos animalitos se dieron cuenta de que se aproximaban a la desconocida meta de su búsqueda.
Con un amplio semicírculo de luces centelleantes y brazos de agua verde, la gran presa cerraba el remanso de orilla a orilla, agitando la superficie tranquila con remolinos y espuma, y cubría los otros ruidos con su suave y solemne rumor. En medio de la corriente, envuelta en el abrazo de la presa, había una islita bordeada de sauces, abedules plateados y alisos. Tímida y reservada, pero llena de significado, se escondía detrás de aquel velo, esperando la hora exacta y con ella a los elegidos.
Lentamente, pero sin dudar ni vacilar y en solemne expectativa, los dos animales atravesaron las aguas tumultuosas y amarraron la barca a la margen florida de la isla.  Desembarcaron en silencio y avanzaron por las hierbas olorosas y las flores hasta que llegaron a un pequeño prado de un verde maravilloso, que la Naturaleza misma había adornado con árboles frutales: manzanas bravías, cerezas silvestres y endrinas.
̶           - Este es el lugar de mis sueños, el lugar que me describió la música -susurró la Rata como en trance-. ¡Si lo hemos de encontrar en algún sitio, será en este lugar bendito!
Entonces el Topo sintió un gran temor reverencial, un temor que le paralizaba los músculos, le hacía inclinar la cabeza y le ataba los pies al suelo. No era pánico lo que sentía -en realidad se sentía feliz y en paz-, sino un temor que lo golpeaba y retenía y, aun sin verlo, sabía que aquello significaba que alguna augusta Presencia estaba muy, muy cerca.  A duras penas se volvió a mirar a su amiga, y la vio a su lado, intimidada, agobia da y temblorosa. Y a su alrededor, la multitud de pájaros seguía silenciosa, mientras la luz aumentaba.
Quizá nunca se hubiera atrevido a levantar la mirada. Pero, aunque cesó el sonido de la flauta, la llamada aún les parecía imperiosa. No podía negarse, aunque fuese la mismísima Muerte quien lo estuviera esperando para acabar con él una vez que sus ojos mortales hubieran desvelado los secretos tan celosamente guardados. Temblando, obedeció y alzó humildemente la cabeza. Y entonces, en aquella claridad del inminente amanecer, mientras la Naturaleza, rebosante de color, parecía contener el aliento ante semejante acontecimiento, el Topo miró a los ojos mismos del Amigo y Protector. Vio la curva de los cuernos que brillaban a la luz del alba, vio la nariz aguileña entre los ojos bondadosos, que lo miraban burlones, y la boca, rodeada de barba, esbozaba una media sonrisa; vio los músculos perfectos del brazo cruzado sobre el ancho pecho; la mano larga y flexible que aún sostenía la flauta recién apartada de sus labios; vio las curvas perfectas de sus miembros velludos tendidos con majestuosa desenvoltura sobre el césped; y, por último, vio, acurrucada entre sus pezuñas, profundamente dormida, la infantil, pequeña y redonda figura del bebé Nutria. Todo aquello lo vio en un momento sobrecogedor e intenso en el cielo de la mañana. Y sin embargo, mientras miraba, aún vivía; y mientras vivía, se maravillaba.
̶              - ¡Rata! -susurró tembloroso, recuperando por fin el aliento-. ¿Tienes miedo?
̶           - ¿Miedo? -murmuró la Rata, con los ojos brillando de amor-. ¡Miedo! ¿De Él? ¡Nunca!  Y..., y sin embargo... ¡Oh Topo, tengo miedo!  Entonces los dos animalitos se arrodillaron, inclinaron la cabeza y lo adoraron.

De repente, el gran disco dorado del sol se mostró frente a ellos en el horizonte, y los primeros rayos, disparándose por encima del nivel de las vegas, deslumbraron a los dos animales. Cuando recuperaron la vista, la Visión había desaparecido, y el aire rebosaba con los cantos de los pájaros que saludaban el amanecer.
Miraban sin comprender, y su tristeza se fue haciendo mayor cuando se fueron dando cuenta de lo que habían visto y perdido. Entonces una brisa caprichosa subió de la superficie del agua, estremeciendo los álamos y las rosas húmedas de rocío, y les acarició suavemente el rostro. Con aquella caricia vino también el olvido. Porque éste es el último y el mejor regalo que el generoso semidiós tiene a bien otorgar a aquellos ante quienes se ha revelado para ayudarles: el regalo del olvido. Para que el triste recuerdo no pueda perdurar y crecer y así impedir la risa y el placer, para que la obsesionante memoria no pueda estropear las vidas de los animalitos a quienes ayudó en momentos difíciles y para que, de este modo, todos vuelvan a ser felices.
El Topo se frotó los ojos y observó a la Rata, que miraba, intrigada, a su alrededor.
̶                -  Perdona, Rata, ¿qué has dicho? - preguntó.
̶       - Creo que sólo decía-contestó lentamente la Rata-que éste es el lugar donde lo encontraremos, si es que vamos a encontrarlo. ¡Mira!
       - ¡Pero si ahí está el chiquillo! -Y con un grito de alegría corrió hacia el soñoliento Portly.
Pero el Topo se quedó un momento perdido en sus pensamientos, como quien, despertándose bruscamente de un sueño maravilloso, intenta recordarlo y sólo consigue captar un vago sentido de su belleza. ¡Su belleza! Hasta que incluso aquello se desvanece, y el soñador tiene que aceptar amargamente el duro y frío despertar; así que, después de luchar un momento con su memoria, el Topo meneó tristemente la cabeza y siguió a la Rata.
Kenneth Grahame "The wind in the willows"

jueves, 27 de septiembre de 2012

· La Lágrima



Las nubes no dejaban llorar a la triste criatura que estaba viendo llover junto a un charco, esperando que cayese su lágrima. Eran tantas las gotas que la suya parecía insignificante al lado de la tormenta que caía.

-No llores- le dijo una bondadosa nube- Deja tu lágrima en un pañuelo y cuando deje de llover lánzalo al viento. El sabrá tu sufrimiento y con su vuelo tu lágrima llegará con él a todos los que quieran compartir tu pena.

Otra nube le replicó. La criatura quería llorar. 

-Llora criaturita mía, pero deja que tu lágrima caiga en tu mano; que forme parte de tu ser y con ello detengas tu angustia. Si tú no quieres, no hace falta compartir penas. Que sepas que la tormenta pasará y tú recuperarás la sonrisa, mucho más agradable para ti que tu pesar.

-Yo quiero compartir mis penas y alegrías. No me importa la forma de deshacerme de mis pesares. Únicamente quiero que mi lágrima sea sólo un recuerdo y que ésta sea una más de las muchas que se precipitan los días de lluvia.

domingo, 2 de septiembre de 2012

· Patsy Cline: Crazy

Crazy, I'm crazy for feeling so lonely
I'm crazy, crazy for feeling so blue
I knew you'd love me as long as you wanted 
And then someday you'd leave me for somebody new
Worry, why do I let myself worry? Wond'ring what in the world did I do? Crazy for thinking that my love could hold you 
I'm crazy for trying and crazy for crying And I'm crazy for loving you 
Crazy for thinking that my love could hold you 
I'm crazy for trying and crazy for crying And I'm crazy for loving you.
Loca, estoy loca de sentirme tan sola.
Estoy loca, loca por sentirme tan triste.  
Sabía que me amarías el tiempo que quisieras.  
Y que algún día me dejarías por alguien nuevo  
Preocupada, ¿por qué he de preocuparme?  
Preguntándome ¿qué fué lo que hice yo?   Loca por creer que mi amor podría apresarte.  
Estoy loca por intentarlo y loca por llorar.  Y estoy loca por amarte.  
Loca por creer que mi amor podría retenerte.  
Estoy loca por intentarlo y loca por llorar.  
Y estoy loca por amarte.

 · Historias de una Canción --> Crazy Patsy Cline
· Vericuetos del ánimo --> Crazy - Liz Durrett