Hoy he soñado que desaparecía el dolor y he vagado y divagado sobre esponjas de nubes, sobre el color malva del poderoso cielo, sobre las alas de la paloma que atraviesa el gran árbol, aquel que se ve desde mi ventana. Hoy he sentido al dolor evaporarse desde los poros de mi piel, convirtiéndose en oscuro humo que se dirige hacia ninguna parte, porque se desorienta como una brújula cerca de un imán, porque se despista como cuando la rosa de los vientos se vuelve loca.
Me hacen cosquillas tus patitas de mariposa cuando liban en mi lagrimal, para beber con tu larga lengua enrollada el agua donde se diluye la sal de mis lágrimas. Para tí son tan pulcras como gotas perfectamente redondas en un mantel recién limpio, tan bonitas como las chispas de agua de un arco iris al colorear el cielo, te orientan como el sonido de un grifo abierto y te refrescan igualito que el pie de mi vaso de cerveza helada. Así que ¡Ven,pillina! Colúmpiate en el rabillo del ojo y bebe un buen rato porque tus cosquillas son las que hacen aflorar mis lágrimas y lloro de gusto como nunca he llorado.
“Hay mariposas en México que liban en el lagrimal de los animales para cubrir sus necesidades de agua y sales minerales. Esto es un hecho cierto, tanto como que mi mariposa tiene nombre”
No creo que exagere mucho si afirmo que la riquísima gama de las emociones, los sentimientos, estados de animo y pasiones humanas, encuentran un reflejo en alguna de las Arias que compuso Händel. A lo largo de toda su producción musical trabajó concienzudamente con la variedad, los registros, los matices de la expresión sentimental en su vertiente más exquisita y estética, llevándola espléndidamente al canto y consiguiendo mantenernos igualmente conmovidos hasta nuestros días. La voz como expresión sublime.
"Händel es, sin suda, uno de los mejores compositores melódicos que han existido. Uno se emociona con sus personajes a través de arias que pueden alcanzar hasta diez o más minutos de duración. Se produce una instantánea e irresistible transmisión de sentimientos. Su gran talento consiste en mezclar el elemento teatral de sus recitativos con momentos en los que el tiempo parece detenerse (como diría Curro) porque, de repente, los caracteres se convierten en personas que representan la agonía, la ira, la envidia o el amor de una forma tan bella que hace que el espectador contenga fascinado la respiración.
En su obra vocal se funden la melodía, la profundidad y la emoción. Es un extraordinario maestro creando atmósferas: a veces con un simple acompañamiento de cuerda y con la belleza de la voz consigue atrapar al oyente, consiguiendo que la melodía se quede grabada en la mente de una forma casi subliminal.
El musicólogo y gran especialista Winton Dean ha contabilizado más de 2400 arias diferentes. De hecho, fue esta forma musical a la que el compositor dedicó más tiempo y energías a lo largo de su carrera."
La locura y la cordura son grandes amigas, que se abrazan con gran entusiasmo o se rechazan a la mínima de cambio. Caminan juntas y les gusta saber que con ellas participan anónimos en la rodante noria de la vida, con sus traumas vencidos y sin vencer, y suben y bajan superando el miedo a la realidad.
La cordura teme a la locura cuando ésta se monta en un barco fantasma, que no sabe llevar el timón, ni su propio destino. Pierde el rumbo y no sabe qué ruta coger y, en medio de una estruendosa tormenta empieza a irse a pique. La cordura lo único que puede hacer es intentar salvarla con un tronco a pie de camino y ayudarla a emerger de las profundidades del delirio, que hunde donde no cubre.
Cuando la locura no se deja ayudar no hay tronco válido. Sólo un abrazo sentido en el momento exacto puede convertir el desvanecimiento del ánimo en reconciliación.
·Bill Calahan de su último trabajo "apocalyse" (2011)
No es fácil transmitir emociones certeras, instantáneas en forma de canción. Aunque no sea por medio de una receta novedosa, al menos que te produzca una revitalización de tu percepción sobre lo oído. Una canción que sin reinventar el pop, consiga producirte un punto de excitación que conecte aún con el pulso adolescente, inquieto que aún late en nosotros. Sabemos que cada vez es mas difícil y que pocos lo consiguen; en buena medida supongo debido al nivel de exigencia para con lo verdadero que buscamos en la raíz de lo que escuchamos, y que establece un vinculo directo que nos abra los "poros" del alma. Uno de los que últimamente nos está camelando con un puñado de canciones así, es Ola Podrida. David Wingo es el hombre que está detrás de éste nombre con juego de palabras fonéticamente traído, a medio camino entre la gastronomía burgalesa de los cocidos y una marea de contaminación fétida. Tiene hasta el momento dos trabajos altamente recomendables. El último se llama "Belly of the lion" (Western Vinyl 2009).
La canción pertenece a éste último y tiene un video encantador.
Recordamos con emoción una de las partes de la Misa de Réquiem en Re menor, k 626, que según parece mas confortaban a Mozart en su agonía final.
Bruce McIntyre, colaborador de The Cambridge Mozart Encyclopedia sugiere que Mozart "parece haber sido un librepensador católico con una relación privada con Dios". Mozart quedó bastante tocado con respecto a la ortodoxia católica imperante en la corte de Coloredo, y por ende en el declinante antiguo régimen en cuanto a modelo religioso. Creo que su temperamento e ideas, más en consonancia con el nuevo espíritu que suponía la concepción del hombre en la ilustración, propiciaban otra relación más honda con la fe que a mi modo de ver queda patente en su música y que es innegable. Lo cierto es que desde que abandonó la corte de Salzburgo (1773-1781) sólo compuso contadas obras religiosas entre las que cabe destacar la Gran misa en do menorKV 427, escrita para la visita a Salzburgo en 1783, el motete Ave verum corpusKV 618, escrito en Baden bei Wien en 1791, y el Réquiem.
En 1999Andrés Aberasturipublicó su segundo poemario:Un blanco deslumbramiento. Palabras para Cris, dedicado a uno de sus hijos. El periodista y comunicador describió de la siguiente manera qué fue lo que le impulsó a escribirlo:
Comencé el poema una madrugada fría en la que, de vuelta a casa, pasé como siempre por el cuarto de Cris -mi hijo con parálisis cerebral-, que medio se despertó, me miró, me dedicó una sonrisa un poco de cumplido y se dio la vuelta para seguir durmiendo con sus manos entre la almohada y la mejilla. La escena no era nueva: decenas de veces se había repetido antes y se ha repetido después. Pero aquella noche, ignoro por qué, yo la viví distinta y empecé a escribir en un cuaderno la historia de aquel hijo con el que tantas cosas habíamos aprendido. Fragmento:“La boca de mi hijo/ es un vergel de dientes malformados/ en el que la fonética/ pactada en los diccionarios/ no querido posarse./ Por eso,/ para sus labios,/ invento yo sonidos/ y fabrico palabras”
Hemos visto a Neil Hannon rodeado tanto por una gran orquesta con brillantes y excelentes arreglos, cómo en su versión de grupo pop más o menos amplia. Sin embargo creo que cuando sus canciones se muestran en su forma más desnuda y esencial, éstas brillan a las claras como composiciones perfectas:
Su música tiene ese toque mezcla de distinción y vodevil lleno de encanto, además de una capacidad poco común para combinar estilos diversos con maestría. Otro aspecto de Hannon que merece valorarse, y más aún con los tiempos que corren, es su integridad y coherencia: en ningún caso ha renunciado a lo largo de todos estos años de deleite, a su raíz pop. Ha evolucionado, sí, pero consecuentemente. Ahora si acaso el carácter de gentleman se ha acentuado: su compostura educada y nada arrogante. Teniendo unas capacidades vocales como para ser considerado un crooner, más en una línea actualizada a lo Scott Walker o Nick Drake, ha tenido siempre muy claro que su baza mayor está en la composición de canciones pop con mayúsculas. Ha conseguido arropar maravillosamente éstas, orquestándolas sin que nos suenen pretenciosas, enriqueciendo y llevando el pop a su máxima elegancia.
Todo está aquí siempre: todas las respuestas, todas las verdades, todas las soluciones a los enigmas y problemas, todos los complementos a la imperfección, las aristas de lo redondo, los trozos que le faltan a la unidad… Por oposición de contrarios, así también todas las preguntas, todas las mentiras, todos los miedos, las creencias, supersticiones…
Cada uno debe ir apartando los velos de la ignorancia, de los prejuicios y la obstinación, del rígido y deficiente aprendizaje que se ha padecido, para poco a poco, con mirada renovada y llena de inteligente consciencia, ir descubriendo lo que siempre ha estado ahí delante de nuestras narices: la realidad y nuestro sitio en ella.
Como sabemos la música religiosa, que tan inmenso legado tiene en nuestra cultura, se ha visto desplazada en gran medida del templo religioso y de su lugar en los oficios y celebraciones, a otros ámbitos que nada tienen que ver con ella. El lugar de la representación -el teatro-, estaba despojado de toda liturgia cristiana-luterana. No se disponía de la acústica particular de un templo. Evidentemente no había intercalado ningún sermón, no estaba compuesta la concurrencia de fieles que acudieran a la iglesia con motivo de la solemnidad del viernes santo. Sin embargo el calado del mensaje de la obra, la fuerte religiosidad de la música, el conmovedor e impresionante entrelazado armónico de las voces del coro, los dramáticos y dulces pasajes de las arias, conseguían proyectar la FE a través de una de las máximas expresiones artísticas. Todavía me estremezco al recordar el sobrecogedor comienzo de la obra, con la orquesta in creschendo y el coro rompiendo en Herr unser Herrscher (¡Señor, señor! ¡Tu gloria reina en todos los pueblos!).
Aunque la Pasión según san mateo sea mas redonda en conjunto, estamos ante una obra magna de Bach, con momentos únicos que la hacen estar entre lo mejor de la gran producción religiosa del maestro.
Cuando Johann Sebastian Bach llegó a Leipzig en 1724, se encontró con que su predecesor en el cargo de Kantor del Colegio de Santo Tomás, Johann Kuhnau, había comenzado ya unos años antes a representar la Pasión de Cristo en Semana Santa. La ciudad quería mantener esta costumbre con su nuevo empleado, así que Bach compuso para la ocasión su primera gran obra de este nuevo período: la Pasión según San Juan, que se representó por primera vez el Viernes Santo de 1724.
Se considera que hay indicios de que parte de las ideas musicales para esta obra se habían fraguado en su anterior lugar de trabajo, Köthen, o incluso en Weimar. Lo cierto es que esta obra presenta características formales y estilísticas propias de la época en que Bach fue maestro de capilla en la corte de Köthen. Así, las grandes estructuras simétricas, el uso de determinadas combinaciones instrumentales, y un cierto estilo concertístico propio de sus suites, sonatas y conciertos (escritos en su mayoría en la época de Köthen) parecen dar crédito a esta teoría.
Bach utiliza el texto de San Juan correspondiente a los capítulos 18 y 19 como base para dar forma a su obra. Las características peculiares de este texto nos van a marcar las claves para entender la manera en que el compositor va a estructurar la Pasión. Varios van a ser los motivos que harán que el Evangelio de San Juan se distinga claramente de los otros tres (mucho más homogéneos en su contenido, y denominados por ello evangelios sinópticos). En general, se trata de un texto más abstracto y filosófico en su tono, que da más importancia a las ideas que a la narración en sí misma. El estudio crítico de los evangelios demuestra que se basa en fuentes distintas (pues hay diferencias en cuanto a los acontecimientos que relata), y que hace más hincapié en la faceta más humana de Jesucristo, poniendo mucho énfasis en el amor como elemento indispensable del cristianismo.
El texto evangélico se completa con dos fragmentos del Evangelio según San Mateo: uno el correspondiente al llanto de Pedro tras las negaciones (Cap.26, 75) y el otro el de la denominada “escena del terremoto” (Cap.27, 51). Parece claro que Bach añade estos fragmentos para añadir dramatismo a la música, y precisamente ambos le dan pie para introducir sendas arias de profundo lirismo (nº 13 y nº 35).
Los coros de turbas son fragmentos, a veces muy breves, que representan las intervenciones en la narración de los diversos colectivos que integran el relato. En esta Pasión llegan en ocasiones a alcanzar una intensidad dramática de enorme impacto. Además, se les otorga una gran importancia, tanto por su extrema elaboración musical como por su papel de eje central en la estructura general de la obra (sobre todo en la escena del juicio de Pilato).
Tal y como era costumbre en la época, Bach añadirá al texto evangélico composiciones poéticas que se concretan en forma de arias o ariosos para resaltar una idea aparecida en el Evangelio a modo de comentario, o para dar un mayor alcance dramático a la misma recreando una emoción determinada. Los ariosos se diferencian de las arias en que tienen una estructura formal más libre, y a veces se hallan más cercanos al estilo recitativo, aunque con una instrumentación elaborada. En otros casos, introduce himnos de la Iglesia Luterana, denominados corales. En principio estaban destinados a ser cantados por el conjunto de los fieles en el servicio religioso, y están basados en melodías populares. Estas melodías eran luego armonizadas a cuatro voces por el compositor dentro de su propio estilo. Incluso hoy en día, algunas de estas melodías de corales se siguen cantando habitualmente en las iglesias alemanas. Sus textos tienen diverso origen poético y tratan, al igual que las arias, de marcar los momentos más significativos de la Pasión. Su temática está siempre conectada con lo que ocurre en ese momento en el texto, o sirve para unir el sentimiento de Cristo al del pueblo. El canto de corales fue una de las acciones con las que Lutero cumplió uno de los objetivos de la Reforma: acercar las cuestiones teológicas más importantes al pueblo (utilizando su propia lengua vernácula en vez del latín) y permitir que éste participe más activamente en los ritos, sirviendo así la música para crear un sentimiento comunitario donde los creyentes cantan juntos la Palabra de Dios.
iglesia de santo Tomas Leipzig
Además de los corales y los coros de turbas, el coro tiene aún otras intervenciones. Se trata del nº1 (“Herr, unser Herrscher”) y el nº39 (“Ruht wohl”), que en este caso son de tipo madrigalístico y que estructuralmente cumplen aquí las funciones respectivas de prólogo y epílogo. Un último coral cierra toda la obra para que la palabra retorne al pueblo en el momento de la conclusión del drama.
Con estas herramientas Bach construye la Pasión según San Juan. Los recitativos y coros llevarán el peso de la narración del Evangelio, que se verá “interrumpida” por arias y corales. Las arias y los corales van a ser de esta manera los que marcan el ritmo de la obra, la estructuran, la gradan y van señalando los momentos de mayor importancia, acercando al oyente la trama y sobre todo el sentir religioso que el autor pretendía.
El coro final, en forma de rondó (nº39), junto con el último coral (nº40) cerrarán la Pasión.
· J. S. Bach - Johannes Passion - Leo Kremer (2005)